Herederos del sabor

Panelas El Mandarino

Porque elegir

Panelas El Mandarino

Tradición viva

Panela de origen campesino santandereano, elaborada a partir de saberes heredados por generaciones. Cada porción conserva el auténtico sabor del campo.

Economía y rendimiento

Un producto accesible, de alto rendimiento y excelente relación calidad–precio, pensado para el consumo diario de las familias.

Versatilidad moderna

Presentaciones individuales de consumo fácil y rápido, ideales para la vida actual: bebidas, recetas, disuelta en agua o consumo directo.

Una tradición centenaria

Herederos del sabor

En las montañas de la Cordillera Oriental, en la provincia del Cacique Guanentá, se encuentra Ocamonte, conocido como El Pueblo Dulce de Santander. Allí, entre la caña de azúcar, el café y la panela artesanal, nace nuestra historia.

En la Finca La Laja y el Trapiche El Mandarino, la familia Arenas Mejía continúa una herencia agrícola que se remonta a finales del siglo XIX. Don Ariosto Arenas Silva y doña Zoraida Mejía Castillo, junto a sus hijas, mantienen vivas las labores del campo, la molienda y el amor por la tierra ocamontana.

Cada fruto maduro concentra las mieles de la caña, la energía del trabajo campesino y el respeto por la naturaleza. Así, generación tras generación, Panelas El Mandarino preserva una tradición que no solo alimenta, sino que cuenta una historia.

Detrás de cada panela

Una historia de campo

Cada panela que llega a la mesa es el resultado de un trabajo silencioso y constante. Detrás de su sabor hay manos campesinas que siembran la caña, cuidan la tierra, esperan los tiempos de la naturaleza y transforman el esfuerzo diario en alimento.

En Ocamonte, Santander, el día comienza temprano. La molienda, el fuego del trapiche, el olor de la caña cocida y la labor compartida hacen parte de un proceso artesanal, transmitido de generación en generación. Aquí no hay atajos: hay paciencia, conocimiento y respeto por el territorio.

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